Cuando acabe este caos pienso cambiar este blog de cabecera a rabo

Te tengo abandonado. Es muy cómodo y muy fácil lo decirte que no me da la vida, pero es que no me da la vida. Tengo la obra con mis alumnos el día 23 y estoy teniendo que ensayar con ellos todas las tardes en plan recta final (recordando aquí que la academia está a una tiradita en coche de casa), todo eso combinado con mi examen del día 20, los dibujos, el trabajo hasta las 6 de la tarde, y las compras navideñas de regalos, cenas y chimpunes que deberían estar ya listos para el día 19 sin falta. Combo agotador. Cuando dan las doce de la noche, más que acostarme me arrastro, y me estoy quedando en los huesos pelones. Jon me dice que salga a correr con él por las noches, para sacudirme el stress, pero no logro encontrar los huevos suficientes como para eso. Por ahora prefiero no dar a basto y lloriquear como un nena (para muestra un botón).

Se nos ha muerto Abracadabra Exterminio. La chinchilla silenciosa. Ayer cogí su bebedero para cambiarle el agua y para cuando volví a llevarlo estaba tiesa, de lado y con los ojos abiertos. No sé qué ha podido pasarle, pero enferma no parecía (zampaba como veinte reyes), así que entiendo que simplemente había llegado su hora. Hoy la enterraremos en el jardín, al lado de los rosales de Jon K., junto a aquella tortuga que se encontró en un contenedor. Es un poco tétrico lo de tener un apartado "fiambres" en el jardín, pero me parece menos chungo que tirar la pobre a la basura. Aunque silenciosamente, formó parte de la tribu. A veces con bastante protagonismo.

¿Sabes qué te digo? que necesito que se acaben las fiestas. Y las funciones. Y los exámenes. Y mi adelgazamiento. Y... eso.

Ni el árbol, hemos puesto todavía. Con lo que soy yo, que veo un colorín y me emociono entero ¿eh? Pues ni el árbol.