La parka

Jon me ha regalado una parka. Dice que ahora hace mucho frío y que no puedo ir por ahí solo con la cazadorita y el jersey. Lo curioso de eso es que me lo dijo a eso de las seis y media de la madrugada, en una de esas mañanas en las que sale a correr con los perros antes de desayunar, vestido con un pantalocito corto y una camiseta. Pero claro... discutir sobre tu resistencia al frío cuando tienes el mismo índice de grasa corporal que un boniato no te coloca en una posición precisamente ventajosa, así que... yo me limité a decirle sisisisí-tienes razón, y él me ha comprado una parka. La parka es preciosa y calentita, pero inmensa. De esas en las que como te cierres la cremallera del todo tienes que buscar la salida guiándote por la luz, como un espeólogo en una cueva submarina. Y tiene pelo en la capucha. De quita y pon. Anoche me la puse con el "pon" y Pedro, con su habitual cara de nada, con la que no sabes discernir si te compadece o se descojona, me dijo: "pareces un esquimal". Esta mañana iba a probar a llevármela con el "quita", pero luego me encontré a Peyote manteniendo relaciones cuasisexuales con la tira de peluche de mi capucha, así que he decidido sobre la marcha que era mejor volvérmela a poner. Y así he venido a trabajar. Como un Jeremias Johnson en formato bolsillo. Tan calentito y tan absurdo. Absolutamente fiel a mi auténtica personalidad.