Porque me sigues leyendo

Hoy tengo el último examen antes de las vacaciones, anoche dejamos hecha la compra las cenas navideñas y ayer me concedieron la beca para el máster. Son tres mierdas menos en la balanza de mi puñetas nerviosas de estas últimas semanas. Esas que me tienen catatónico y un poco paralizado mentalmente. Noto que no estoy bien porque no gestiono emociones. Me llegó la carta de la beca y me metí en el baño del trabajo a llorar. Ya ves tú. Semejante GILIPOLLEZ. Porque ni me iba a morir de hambre por pedir un crédito, ni tampoco se iba a acabar el mundo por una estúpida beca de libros Pero me lo tomé como si me hubieran puesto una cama elástica al final debajo de una cuerda floja. Luego, ya después de la llantina, tuve mi momento de lucidez, me lavé la cara, estiré los músculos de la espalda hasta el infinito y le dije al del espejo "espabila y sé un hombre, imbécil. Que hay gente con problemas reales ahí afuera" y el autoempujón me sentó bien. Voy a tener que pasar así estos días. Mitad comprendiéndome, mitad espabilándome. Creo que todo es culpa mía por haber dejado que se me acumularan las responsabilidades. El año que viene las ordenaré mejor y sobre todo HARÉ EJERCICIO. Necesito el ejercicio físico. Cuando corro, camino o hago barra regularmente, siento que pienso mejor y que lo importante importa menos. No sé por qué no le hago caso a mi cuerpo cuando me está pidiendo las cosas de una forma tan clara. Son ganas de boicotearme, coño. Parezco tonto.

Tengo un poco de ganas de que pase la Navidad. No porque la odie ni esté en formato grinch. A mí me mola todo. Incluso en la negrura más negra siempre me ha molado lo de las luces de colorines, los brillis por doquier y los paquetes de envoltorios imposibles. Hasta en las navidades de los centros de menores yo estaba contento con la cena cutre esa que nos ponían de langostino congelado, pandereta y patata de bolsa. No veo nada malo en la Navidad. Pero necesito reinventarme otra vez y hasta que no pase todo este ruido no voy a poder, así que... espero que llegue pronto el día 7 y yo pueda tirar mis capas de pellejo muerto y ordenar mi vida desnudo y fresquito.

Cuando le hablo de estas cosas a Jon me mira con absoluta tranquilidad y comprensión y asiente con la cabeza, como si las chorradas que digo tuvieran algún sentido. Me hace mucha gracia eso. Siempre termino descojonándome. De mí. De él. De los dos. Y luego le digo "sabes que estoy como una puta cabra ¿verdad?" y él me coge la cara con las manos y dice "absolutamente" y me da un beso en la frente o en la nariz.

Igual no necesitamos que nos entiendan, sino simplemente que nos escuchen. Probablemente. Seguro.