Ayes

He vuelto a salir a entrenar con el equipo de rugby espartano de Jon K. No en sus ciclos completos, porque eso sería como autoaniquilarme, pero sí en el cachito de calentamiento (entiéndase aquí que lo que ellos llaman "calentamiento" viene a ser lo que tú llamas "diosmío nunca pensé que no llegaría vivo al viernes"). Ahora que me están biopsiando desde las orejas hasta las uñas por unos marcadores que han salido raros, y que me veo obligado a pasar una temporadita sin comer mis habituales delicias de bollycao relleno de patatas fritas y demás, me ha parecido que era el momento adecuado para ponerme a muscular. Eso contando con que cuando digo "muscular" y me miro en el espejo, se me escapa un poco la risa, pero bueno... Tú ya me entiendes. Llevo exactamente tres días de disciplina. Jon siempre me dice que no los cuente. Que para llevar a cabo una meta, lo primero que hay que hacer es olvidarse de sumar, y dejar que la cosa fluya de una forma natural e incontrolada.

Me gustan las cosas que fluyen incontroladamente, así que... por mí bien.

Llevo X días de entrenamiento con el equipo de rugby. Y me duelen las piernas. Desde el perineo bajo-huevos hasta el bordecito de la uña del pie. No de agujetas, no. De daño de cansancio entero y ajqueroso que no se quita ni quieto, ni en movimiento. Pero bien. Aquí estamos y aquí seguiremos (deditos de la victoria). Carry on.

Jon está pesado y cabezón con este blog y con que no debería tenerlo ni aquí, ni así. En qué hora le dije nada de la plantilla. Con tanto quererle, siempre se me olvida que es vasco, y que las ideas solo le entran para quedarse a vivir.